A simple vista se puede apreciar que nuestro centro no se ubica en el clásico edificio propio de un instituto de secundaria. El IES Ramón Olleros Gregorio es un centro muy particular, situado en el antiguo Palacio Ducal de Béjar, un símbolo de la ciudad y que ha vivido una historia amplia y azarosa desde sus orígenes. El edificio es reconocido como Bien de Interés Cultural (BIC). Aunque es principalmente un centro de enseñanza, su valor histórico y arquitectónico no pasa desapercibido. Parte de sus instalaciones, especialmente el impresionante patio renacentista y en ocasiones otras dependencias, están abiertas al turismo o actividades culturales propias de la localidad. Es un orgullo local y un ejemplo destacado de reutilización del patrimonio histórico con fines educativos y culturales.

Imagen actual del IES Ramón Olleros Gregorio
La historia del solar de nuestro edificio se remonta a la Edad Media. Ya en el siglo XI, en época islámica hubo un alcázar en este emplazamiento estratégico sobre el río Cuerpo de Hombre. Tras la conquista cristiana, siguió siendo un lugar fortificado dada la condición de Béjar como zona de frontera, primero entre al-Ándalus y los reinos cristianos y más tarde entre el reino de León y el de Castilla, al que pertenecía nuestra localidad. Béjar y su castillo protegían la frontera castellana, enfrentado con el leonés de Miranda del Castañar. De aquella fortaleza todavía quedan restos en nuestro edificio, con sus robustos torreones, fosos y los lienzos de muralla.

Localización de Béjar en la Edad Media entre León y Castilla
Fuente: Monsalvo Antón, José María. Atlas Histórico de la España Medieval. Madrid: Síntesis, 2010, p. 136.
Con el tiempo, Béjar perderá su valor militar con la unión de los reinos de León y Castilla, pero ganará importancia económica, convirtiéndose en un importante centro de comercio y, en especial, de la producción lanera. Este crecimiento de Béjar llevó a su elevación a Ducado en 1485 por los Reyes Católicos, y el antiguo castillo se convertirá en el centro del poder de los Zúñiga, la familia de los Duques de Béjar.
En el siglo XVI se produjo la transformación definitiva del edificio, en especial de la mano de Francisco de Zúñiga y Sotomayor, IV Duque de Béjar, y su esposa Guiomar de Mendoza y Aragón. Esta pareja transformó el antiguo castillo en todo un palacio renacentista a la moda de la época. Se abrieron grandes ventanales, se construyó la fachada que aún hoy da a la plaza, y se erigió el elegante patio interior de dos pisos con arquerías de medio punto, una joya arquitectónica que es el corazón del edificio. Este patio, de clara influencia italiana, es un ejemplo excepcional del Renacimiento en la provincia de Salamanca. En este patio todavía pueden observarse los escudos de los Zúñiga (banda en diagonal y cadena), los Sotomayor (con pequeños cuadros y bandas) y otros con las iniciales F (de Francisco) y G (de Guiomar).

Escudos con las iniciales de Francisco y Guiomar, de los Zúñiga y de los Sotomayor
(de izquierda a derecha)

Patio renacentista del Palacio Ducal
Durante los siglos XVII y XVIII, el palacio fue la residencia principal de los Duques de Béjar, una de las casas nobiliarias más importantes de España. Figuras como Juan Manuel de Zúñiga y Sotomayor, mecenas literario al que Cervantes dedicó la primera parte del Quijote, dejaron su huella. El palacio estaba íntimamente ligado a otra gran obra ducal: los espectaculares Jardines de "El Bosque", situados a las afueras, un ejemplo único de jardín renacentista italiano en España.
A partir del siglo XVIII el edificio entra en decadencia. Primero con la extinción de la línea de los Zúñiga, Duques de Béjar. Por este motivo, el Ducado pasó a manos de la Casa de Osuna, una de las más potentes de España y que contaba con un buen número de propiedades, por lo que el Palacio de Béjar dejó de ser la residencia de los duques y el edificio entró en un avanzado estado de deterioro. Esta situación se agravó con la quiebra de la Casa de Osuna a finales del siglo XIX, cuyos bienes fueron comprados por el Estado, puestos en almoneda…
El antiguo palacio, ahora casi ruinoso, tuvo diferentes usos desde finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Sirvió como viviendas de baja calidad, e incluso se planteó la posibilidad de derribarlo para construir unas nuevas casas consistoriales. También actuó como epicentro de la represión franquista en la comarca, sirviendo como cárcel en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, de ahí que haya quedado en el imaginario colectivo de Béjar, la idea de que el edificio era una cárcel o que albergaba "mazmorras".
La decadencia del edificio fue frenada gracias a la transformación en un instituto de enseñanza secundaria. La pujanza de la industria textil bejarana hizo necesaria una institución educativa de este nivel para atender a la creciente población. Desde 1963 nace como Instituto Nacional de Bachillerato.
Este centro lleva el nombre de Ramón Olleros Gregorio, antiguo alcalde de Béjar fallecido prematuramente, y que fue uno de los grandes impulsores de la transformación del edificio en centro educativo, a través de una suscripción popular de la que participaron diferentes vecinos de Béjar.
Sobre la historia de nuestro centro educativo, se publicó en 2013 la obra "Piedra y pedagogía. 50 (primeros) años del Instituto Ramón Olleros", que resume la historia de nuestro centro educativo.

Aula del IES Ramón Olleros
En la construcción actual se puede apreciar todavía la larga historia de nuestro edificio, que conserva lo esencial de la estructura histórica (especialmente el patio, la fachada principal, torreones, jardín del Mediodía…). Este hecho marca la identidad de nuestro centro que fusiona nuestra labor educativa moderna con la conservación del patrimonio histórico de nuestra localidad.